per a
data 13 / agost / 2009 02:14
assumpte re:
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Toni, me tendréis que perdonar que no os haya podido escribir hasta ahora. Bueno, poder he podido hacerlo un par o tres de veces, pero por H o por B siempre se me iba el santo al cielo, o el pene a la vagina, nunca mejor dicho. La respuesta a tu pregunta es sí, me contrataron. No sé si me contrataron y a ti no por el hecho de entrar a la vez en la oficina, y que yo llevara un polo estándar Pull & Bear y tú una camiseta de La casa de los 1000 cadáveres, o porque soy ligeramente más guapo que tú. Será porque les recité de memoria un fragmento de un artículo absurdo de la revista Stuff, creo que era la Stuff, o la FHM, qué más da.
Pero el caso es que sí, que entré a formar parte de esta extraña brigada barcelonesa, que algunas de las personas de nuestro círculo querrán calificar de infame, no sin razón, aunque otros querrán hablar del karma, de Guy Debord, de aquella frase de Jonathan Swift, de la importancia de preservar el paisaje, de que lo importante es amar, de Gente Supuestamente Importante Que Hace y Dice Cosas Estúpidas, de la izquierda exquisita, de que todo es una farsa, de las nuevas vías de la ficción cinematográfica y la mirada anal, de horizontes artificiales, de bacanales de estulticia, de mujeres que guardan penes en botes de formol o de las sandeces culinarias de los que nos gobiernan. Todos tendrán razón, a su manera. Y la verdad es que me corroe la curiosidad por saber -no lo sabremos nunca- a quién se le ocurrió la idea, a cuál de los tres partidos pertenece, si esa persona era soltera o casada, si había tomado sustancias cuando redactó las bases del asunto, si hace crucigramas, si se masturba, si alguna vez ha muerto y vuelto a la vida, si es un robot que crea entornos interactivos aleatorios, si tiene un hijo aparentemente retrasado, si me está observando mientras escribo este correo, o si te estará observando a ti cuando lo leas.
Aun no nos han pagado, pero se supone que nos pagarán. Nos pagarán por haber hecho exactamente lo que parecía que había que hacer. Es estrambótico, pero sí: te asignan una pareja, heterosexual, y, día sí día no, a unas determinadas franjas horarias, las de mayor tráfico de personas, tienes que pasear con tu pareja por determinados lugares de nuestra hermosa ciudad, comer helados en bancos, salir del cine o entrar en él sin ir a ver la película, besarse apasionadamente siempre que pasen turistas norteamericanos, magiares o chinos, hacer alguna buena acción cuando haya cerca niños o gente supuestamente inadaptada (deberías leer el decálogo sobre inadaptados que redactó la Conselleria), sonreír sin que parezca exagerado, ir de compras -la ropa que compras luego se la dan a una ONG indeterminada-, o estar cogidos de la mano mirando embobados algún edificio de interés histórico, cosas así.
Como guinda del pastel, un polvo al amanecer en la Barceloneta. Bueno, eso es broma, además no tendría audiencia, que es lo que a ellos les interesa, que la gente lo vea. Aunque, off the record, yo sí eché un polvo al amanecer con mi compañera de trabajo, no en la Barceloneta, en otra playa, pero fue solo ese, un polvo de despedida, tú me entenderás. Me preguntarás si estaba buena. Bueno, no estaba mal. Aunque lo gracioso del asunto es que muchos y muchas de los contratados (creo que hay unas 600 “parejas falsas” por la ciudad) tenían pareja estable. Al menos, algunos con los que hablé me dijeron eso. Un tipo me contaba que siempre que salía a trabajar con su compañera, en las terrazas y en los parques, a no más de 10 metros siempre había un negro con gafas de sol y cara de querer matar a alguien. Y su compañera le acabó confesando que era su novio, que hacía de carabina.
Bueno, ya os contaré, fue divertido, no estuvo mal, y podremos enzarzarnos en especulaciones antropológicas sobre a donde quieren llegar los que predican esa filosofía del “Barcelona, posa't guapa”, usease aparadores de carne fresca y consumibles caros con lucecitas de navidad. Recuerdo que una vez me comentaste que a veces salías a la calle y cada tantos metros había una pareja besándose, como si fuera algo estratégico, como si uniendo los puntos desde el aire pudieran formarse constelaciones, como si existiera una especie de señalización preternatural de los territorios, vinculada al rito de cortejo y apareamiento. Tendremos que preguntarnos si esta gran mentira no ha existido siempre, como la de los Reyes y el Ratoncito Pérez; aunque, desde luego, esta operación de amor masivo perpetrada por nuestros intrépidos jerifaltes no decepcionará a aquellos que, desde siempre, han creído a pies juntillos que la expresión “todo va bien” no significa otra cosa que una postal de verano adecuadamente condimentada. Que lástima que Langley, Frohike y Byers, los pistoleros solitarios, sean meros personajes de ficción. Se lo pasarían pipa con esta conspiración tan bienintencionada, positiva y demencial.
Nos escribimos para el finde que viene, que este ando algo liado,
J.